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Comentario sobre Deseo Peligro, de Ang Lee

(presentado el 20 febrero 2015 en Alicante)

Lola Monleón

Es interesante el proceso de los dos personajes, seres solitarios, y atormentados por su destino, que van cambiando de tono afectivo: -ella, abandonada por su padre, y él, aislado, cruel, frío y calculador, – pasan de encuentros sexuales violentos a una sensibilidad y emoción autenticas. Su encuentro hace las veces de talismán contra su soledad, pero en un intento vano. Mi pregunta, todo el tiempo es: ¿se trata de amor entre ellos? De deseo, es seguro pero un deseo al que no se puede dar continuidad en sus vidas… y cuya trama está inmersa en una situación social extrema.

Ya Freud nos decía, en el malestar en la cultura, que la perturbación amorosa es casi inevitable, que algo no encaja entre el amor del hombre y el de la mujer. Y esta película deja un poso de amargura que para mi tiene que ver con ese imposible: el de la relación sexual, el de la complementareidad entre hombre y mujer, completud que intentamos vanamente alcanzar y que no existe.

El deseo sexual es la base del deseo humano, ligado necesariamente a la vida y a la muerte y en esta historia, el sexo y la muerte están peligrosa y especialmente unidos

El título en inglés es “Lust, Caution” (lust: deseo sexual, lujuria; caution:cautela, precaución, prudencia) Y precisamente, cautela es lo que no tienen los jóvenes estudiantes que juegan a los espías sin preparación ni experiencia, que con una atrevida ausencia de autenticidad siguen al joven líder, identificados a un ideal. Se darán de bruces con lo real: en el acto salvaje del asesinato del amigo donde de algún modo termina la inocencia de estos jóvenes idealistas. La frontera entre héroe y monstruo es muy fina. Pasan a ser monstruos, exactamente lo que consideran que es el torturador a quien quieren eliminar.

Como tampoco tiene cautela nuestra protagonista, entregándose a Yee, el torturador con el propósito de matarlo. ¿Porque lo hace? Esta decisión resulta muy enigmática e inquietante. Evidentemente tiene que ver con el deseo, en la relación de los dos hay deseo y eso produce un malestar que para mi tiene que ver con la idea que tenemos los seres humanos de que el deseo no debería surgir ahí, en una situación de enfrentamiento extremo de convicciones. Pero el deseo inconsciente no entiende de moral.

Los seres hablantes mostramos cautela frente al deseo, como en el caso del joven, lo reprimimos de hecho. El deseo humano no es algo adaptado, innato, dirigido al bienestar del sujeto en su entorno, es más bien lo que no encaja y lo vemos bien en la película, que más bien puede dañar. En palabras de E. Moreau: “el deseo es un deseo sexual infantil reprimido que insiste permanentemente en el desarrollo del ciclo vital del individuo para orientar sus elecciones amorosas, sexuales, afectivas y sociales”.

Es también un deseo indestructible, que no se puede olvidar porque es esencialmente insatisfecho. A diferencia de la necesidad, el deseo no es una función vital que pueda satisfacerse, para que éste surja hace falta una operación psíquica de pérdida, de pérdida de goce por el lenguaje -El lenguaje tiene un efecto de desnaturalización, de desvitalización, de mortificación, sobre el cuerpo, hay una pérdida del goce natural de la vida- de pérdida de ser porque no hay nada en lo simbólico que nos diga quien somos. Así pues, el deseo no es una relación directa con un objeto, sino la relación con una falta, el deseo aparece ahí donde nos falta algo.

Así para el ser humano todo goce posible pasa por el significante, por lo simbólico, toda función humana, el acto mas simple, como el de comer, por ejemplo, aparece rodeado de rituales, y en muchos casos, cargado de síntomas. La actividad sexual no escapa a esta regla, es ocasión de angustia y motivo de complicadas maniobras.

El goce tiene que ver con el deseo inconsciente, con la relación con el objeto que pasa por los significantes, por las palabras. En psicoanálisis llamamos goce fálico a ese goce sexual limitado por lo simbólico, que ya no es ese goce natural ilimitado, anterior al lenguaje. Así el goce sexual requiere a lo simbólico y al Otro.

Si el deseo inconsciente no se articula a la ley simbólica (1), a un límite, se queda en un goce mortífero, pulsión de muerte, como vemos en la película -goce en psicoanálisis es una noción compleja opuesta a la de placer, tendencia a lo doloroso y lo sufriente y donde el fin de la sexualidad no sería solo el placer-. Tanto la protagonista de la película, como el joven idealista se quedan atrapados en un goce que no les permite seguir con su vida, atrapados en la búsqueda de algo imposible, que les impide relacionarse con el otro y que les lleva a la muerte.

Nuestra protagonista desea al joven idealista y espera que el de un paso adelante en su relación, eso no ocurre y ella inicia un camino doloroso y en teoría se prostituye por el ideal (el colega la desvirga, se entrega al torturador), solo en teoría, porque hay un deseo inconsciente que la determina. Elige un camino que la conduce a descubrir unas sensaciones que ignoraba y que le da acceso a un mundo lleno de deseo y peligro, a un goce que desconocía ligado a una historia de destrucción y sometimiento. El encuentro con el cuerpo del otro la pondrá en una lucha entre el deseo y la convicción, entre la verdad de los cuerpos y la mentira de su pensamiento. Descubre un goce sexual inesperado, caen las máscaras de la interpretación. Sexualidad sin mascaras, algo que está en el inconsciente de cada uno y creo que por eso esta película nos afecta tanto.

Hay una escena impactante, donde ella parece pedir a sus camaradas que maten de una vez a Yee, les dice:. “…No solo penetra en mí sino que se va abriendo paso hasta mi corazón como una serpiente y penetra hasta el fondo y yo lo acepto como una esclava. Interpreto mi papel al pie de la letra para poder llegar también a su corazón. Siempre me hace daño hasta que sangro y grito. Solo entonces queda satisfecho, solo entonces se siente vivo en la oscuridad, solo entonces sabe que todo es real. Y le gusto por eso y por eso puedo torturarle hasta que no puede aguantar más y yo sigo hasta que los dos caemos exhaustos y cuando al fin se corre dentro de mí pienso que en ese momento vais a entrar vosotros para pegarle un tiro en la nuca y que su sangre y sus sesos me cubren entera…”.

Descripción de un goce mortífero que sus compañeros no pueden soportar. Un goce que no puede enlazarse al placer y al amor. Es un amor destructivo, cuando la necesidad de amar está ahí….

En la escena de la casa de las gheisas, cuando ella canta esa canción inocente, sobre un amor dulce, que es lo que ninguno de los dos personajes tiene, él casi llora mostrando un anhelo de tener ese amor, ella descubre la ternura de él, un contraste con el espía duro y frío, mostrándose vulnerable, mostrándose en falta. Ella accede a la intimidad de él cada vez más. En el amor hay lugar para el otro, se hace uno cargo de la realidad del otro, es un más allá de lo erótico aunque beba en el erotismo. Están amándose..como decía al principio van poco a poco cambiando de todo afectivo..van enamorándose..

De lo que se trata en el amor es de que el Otro aporte su propia falta, es decir, su castración, por donde vuelve a abrirse el hueco del deseo. La falta en ser nos empuja a la demanda de amor como demanda de complemento de ser, demanda que hará surgir de nuevo el deseo porque es imposible de satisfacer. Ese Otro al que dirige la demanda no tiene ese complemento, está también afectado de falta en ser. Por eso lo único que se puede dar en el amor es lo que no se tiene (como dice Lacan)

¿Y Que papel juega el anillo? ¿símbolo de su relación? ¿del lugar que ella tiene para él? ¿de lo que nunca tendrán? Que el la valore regalándole el anillo, -cuando ella ha sido abandonada por su padre, que eligió a los hermanos, y cuando el joven tampoco la elige-, es un detonante, hace que ella flojee y decida salvarlo en un instante, encaminándose así a la muerte.

Ella se inmola, llevada por una pasión hasta su límite que es la muerte. La pasión es el deseo inconsciente sin límite. Un amor pasión que no va hacia el eros, que empuja al goce. Deseo más ley puede producir amor pero el deseo que no pasa por la ley es pulsión de muerte. En el hecho de inmolarse, hay un no querer saber nada de la falta en ser, del límite, de la castración, de la ley, ella no ha podido salir de querer ser el objeto del Otro, o sea, no ha podido seguir deseando.

En realidad ella espera que él haga lo mismo, que la salve, pero él se mostrará implacable. Deseando que él la salve, en realidad sigue en la espera como con el joven, se somete de nuevo, se pone en sus manos, corre el peligro de muerte de ella y de sus camaradas. Hay una sumisión de ella hasta el final. Amar a cualquier precio está cerca del masoquismo, enigma del ser humano: goce en hacerse objeto del Otro.

Y ¿porque, el joven idealista no puede establecer una relación con ella? ¿Que inhibición en el amor y el deseo? El es causante del desastre, esta cerca del imperativo categórico de Kant, donde el haz tu deber predomina y donde el otro no cuenta demasiado. El defecto de la operación simbólica se traduce por la inhibición o por una imposibilidad de dar continuidad al deseo en sus consecuencias afectivas y sociales. La ley, de la que hablábamos antes hace que el goce se ordene con el deseo, cosa que no sucede en el caso de este joven.

El joven, y antes el padre, la han traicionado, la han utilizado. Yee la niega, la ejecuta. Esto me hace pensar en la vulnerabilidad femenina, en que para las mujeres el amor puede ser como una droga y en esta historia es una vulnerabilidad importante, que se resumiría en la frase : ……sin él, ella (cree que) no es nada…

El colaboracionista Yee: es amado y sigue vivo, es auténtico. No hay moral en el amor, el amor no es una cuestión de merecimientos .”el amor es implacable con la inautenticidad” (2) Él podría haberla salvado, pero se hubiera complicado la vida y decide seguir vivo. Cede ante su deseo a cambio de su supervivencia. No ceder ante su deseo sería no abandonar la defensa contra el goce, pulsión de muerte al fin.

Termino solo apuntando este tema radical del sacrificio de la mujer, que tiene relación con la dificultad del ser humano para aceptar la alteridad, para aceptar la diferencia, para aceptar el otro sexo. Problema en fin del ser humano con lo femenino.

(1) La ley simbólica, es ese límite que instaura la función paterna, conjunto de normativas que se instalan en el inconsciente en la infancia y que permiten la separación de la Madre, lo que nos integra en el orden simbólico. La ley organiza el psiquismo, orienta en el mundo y en las generaciones. Por el Nombre del Padre, que metaforiza el deseo de la madre, se accede a la cultura y ello eventualmente permite dejar de ser lo que completa a la madre, su objeto, el falo de la madre.

(2) (Pan de perro, blog internet)

“DESEO, PELIGRO”, de Ang Lee

Comentario de Paz Sánchez

La película se basa en un relato corto de la autora china Eileen Chang.

Un grupo de estudiantes que colabora con la resistencia, se propone matar a Yee, que es un siniestro, miedoso y desconfiado comisario colaborador de los Japoneses que han ocupado la ciudad de Shangai. Encargan entonces a la estudiante Wong, que se ha hecho miembro de la resistencia, que se acerque a Yee para seducirlo y después poderle asesinar. La estudiante consigue infiltrarse en la casa de Yee, haciéndose amiga de su mujer.

Es muy importante la primera escena de los vigilantes que están custodiando la casa de Yee, en la que se transmite todo lo que implica el ejercicio del poder por la fuerza: la represión a través de la violencia, el peligro, la desconfianza, el miedo y la tensión que impregnan toda la película.

En la siguiente escena se ve a unas mujeres jugando al mahjong, mientras se muestran mutuamente sus enormes y valiosos anillos. Sólo la protagonista del film, la estudiante Wong, espía infiltrada que está ahí fingiendo ser quien no es, tiene un simple anillo de oro. Es como si a esas mujeres no les estuviera afectando todo ese ambiente de violencia, como si no les rozara toda esa destrucción.

En un principio el film presenta a unos estudiantes que, con ansia de libertad, se unen a la resistencia para luchar por sus ideales, El Jefe de la banda de estudiantes dice: “hay que actuar como corresponde”, es decir, según el deber, pero nos podemos preguntar qué es lo que hay realmente detrás de estas palabras, quién es el que dice cómo hay que actuar. Con la justificación de ese ideal, utilizan a las amistades, a la familia, a los seres queridos para intentar conseguir lo que se han propuesto, como si el fin justificara los medios.

Entonces, lo que vemos por el lado de los estudiantes es el sacrificio que se imponen en aras de los ideales, hasta el punto de llegar a inmolar su propio deseo.

Pasemos ahora a analizar la relación entre Wong y el señor Yee.

Wong, en situaciones que implican peligro, se desenvuelve con toda tranquilidad, como si en ella fuera natural, sin miedo a la muerte. Pareciera que no tuviera nada que perder. Quizá para tener miedo hay que desear y, entre otras cosas desear vivir, pero ella está apagada, sin deseo. Un deseo que solo se pondrá en marcha al conocer al señor Yee cuando la escuchamos decir: “no es lo que me esperaba”.

Sus compañeros de la resistencia quieren matar a Yee y le habían propuesto a Wong un trabajo de espionaje. Trabajo peligroso ya que le advierten que si el entorno de Yee llegara a sospechar de ella, la matarían inmediatamente. Wong acepta porque lo que quiere es volver a verle.

Él se muestra asocial, frio, implacable. Es alguien que tortura, mata y hace cualquier cosa con tal de sobrevivir. Reconoce que tiene miedo como todos los  que tienen poder, ya que tienen algo que perder.

Yee dice: “Los japoneses matan sin piedad, pero la verdad es que están muy asustados. Saben que cuando se enfrenten a los americanos se acabará todo…, y todos estos actores siguen cantando, como si no pasara nada”.  Está hablando de sí mismo a través de lo que proyecta en los japoneses.

Yee se enamora, entre otros rasgos de Wong, de que no tiene miedo.

Wong se muestra fría cuando va a atentar contra su amante, pero expresa  sus emociones mientras está viendo la película “Sospecha” de Hitchcock. Esta película tiene varios rasgos en común con la historia que cuenta Ang Lee, ya que en el film de Hitchcock hay un antes y un después de conocerse la pareja, ya que a ella se la ilumina el mundo cuando le conoce, pero al mismo tiempo desconfía, no sabe si él la quiere de verdad o sólo por su dinero y la quiere matar. ¿Te quieren los demás por ti misma, o por algo que ven más allá de ti?

Ambos, Wong y Yee, coinciden en que están tremendamente solos.

En el primer encuentro íntimo que tienen, en un principio ambos quieren manejar la situación, pero Yee saca toda su violencia, su maltrato. Quiere dejar bien claro que es él quien manda y que a ella le toca obedecer.

Yee se conmueve cuando Wong le canta como si fuera su geisha, cae en el lugar en el que él la espera, y se reconoce su esclava. Él que es un especialista en interrogatorios, que ha asesinado a dos amantes/espías al descubrirlas, con Wong se ciega, cree en ella, ya se ha puesto en sus manos, corre peligro, se ha abandonado, se ha puesto en posición femenina —la de desear por reconocerse faltante—, dejando libre para ella la posición de amo.

En una escena posterior, ella va a ver a su jefe de la resistencia y le dice: ”Él sabe cómo actuar mejor que ustedes. Él no solo quiere estar dentro de mi cuerpo, sino arrastrarse a su manera dentro de mi corazón como una serpiente. Soy como una esclava permitiéndoselo. Solo pretendo lealmente poder entrar en su corazón”.

Wong y Yee comienzan juntos a salir de esa terrible soledad, pero su deseo va enlazado con el peligro, es la pulsión de muerte la que los acecha en esa extraña unión de amor/deseo y muerte.

Aquí, tal como Lacan hablaba de los lugares del Erastés y el Eromenós, el amante y el amado que se intercambiarían en el auténtico amor, los papeles de perseguidor y perseguido, de amo y de esclavo se intercambian entre Wong y Yee. Wong teme —quizá incluso espera— que Yee sospeche de ella y pase a la acción, o bien que los suyos le maten. Saben que cada momento que viven juntos puede ser el último, y lo viven plenamente, como si fuera la última vez.

Ella dice: “Me hace llorar y sangrar de agonía antes de estar satisfecho. Es la única manera en que puede sentirse vivo. En la oscuridad, solo él sabe que esto es real. Por eso puedo consentir en ser torturada hasta la exasperación y todavía continuar hasta que ya no pueda más. Cada vez después del espasmo final pienso, ¿será está vez?, ¿nuestra gente entrará corriendo y apabullara sus sesos?; y su sangre y sesos me rociaran por todas partes”.

Los dos amantes se dan cuenta del peligro que esto les implica, ese peligro que el deseo intenta borrar, y es que van hacia la muerte.

Se produce un cambio en su relación de amantes y, en esa sociedad en la que el estatus entre las mujeres se medía por los quilates del brillante que cada una exhibía, Yee quiere dar a Wong el regalo más preciado, la joya que todas deseaban. Se hace evidente que está enamorado y que ella es alguien muy importante para él.

Hasta ese momento, y aunque está claro que Wong ha encontrado en este hombre ese al menos uno que la hace vibrar, ella seguía cumpliendo con su cometido de llevarle hacia la muerte. Será en la joyería a la que irán juntos para que Wong reciba su regalo, donde los resistentes quieren aprovechar para asesinarlo. Pero en el momento en que Wong ve el anillo en su dedo, señal del poder que tiene sobre Yee, se da cuenta de que seguir con el plan con el que satisfaría sus ideales políticos, sería traicionar su propio deseo de mujer. Será ese el primer momento del film en el que veremos a Wong conmoverse y dudar. ¿Elegirá seguir adelante con sus ideales y el compromiso con sus compañeros de la resistencia, es decir, con su deber moral? ¿Elegirá, al contrario, no ceder ante su deseo de mujer y salvará la vida de Yee? ¿Esconderá ese deseo de mujer, en el fondo, una pasión masoquista? ¿Elegirá su deber ético de salvar su vida, aunque ésta quede desmochada sin Yee? ¿Es su deber ético seguir adelante con su deseo de mujer, o bien con la vida? El film muestra magníficamente este entrecruzamiento vida/muerte, moral/ética.

Finalmente, Wong da un giro en las escenas finales y decide que él viva. Le avisa del peligro, dándole tiempo de huir y salvarse. Ella elige en el fondo su propia muerte, su sacrificio y el de sus compañeros.

Giro que quizá podemos preguntarnos si no estaba ahí desde el inicio, si el sacrificio tiene que ver con una toma de posición ética o, por el contrario es pura destructividad.

Wong tiene aún una oportunidad de morir a tiempo de no sufrir más y coge la cápsula con la que podría suicidarse, pero no se la toma. Podría tener una muerte rápida y no abrir la posibilidad de que la interroguen y la torturen. ¿Estaría esperando que Yee la rescatara, o esa espera es la de algo que ella conocía de antiguo? ¿Estaría Wong repitiendo una demanda del pasado?

Al firmar Yee la sentencia de muerte de Wong decide no verla, no interrogarla, no deja que la torturen y quiere que siga llevando la joya que él le ha regalado.

Yee al elegir la vida también ha pagado, pero a costa de perder a su amada, de no poder llevar adelante su deseo, de quedarse solo, sufriendo y siempre en peligro. Al elegir un camino, siempre perdemos otro que ya no recuperaremos. Es la eterna disyuntiva entre la bolsa o la vida y la decisión vendrá marcada por nuestra subjetividad. Pareciera que en este film la elección fuera entre el amor y la vida.

Si nos retrotraemos a la infancia de Wong, vamos a encontrarnos a una madre, la suya que, antes de morir, dejó dicho que deseaba que su hija estudiara una carrera. Pareciera que Wong ha tenido un lugar en el deseo de su madre. Pero el padre de Wong, cuando se va a América elige para llevarse a su hijo varón, y a su hija la deja. Dice que la vendrá a buscar más adelante y Wong espera que su padre la rescate de tanta soledad, pero él nunca cumplió su promesa. Es decir, el padre “la sacrifica”.

Una de las funciones paternas es hacer compatible el deseo con la ley, con los límites, con el no hacerse daño a sí mismo ni a los demás, dar un rodeo de vida que haga más lejana la muerte. Pero ella para el padre quedó en posición de desecho, posición que por otro lado es lo normal para una mujer en China.

Terrible destino es el que quedó ahí marcado para la joven, ya que años después Wong esperará también la salvación de Yee. Pero lo real no simbolizado insiste, y por eso se producirá ese automatón de la repetición de “lo malo”: que el hombre al que ama la sacrifica. Podríamos incluso pensar que buscaba inconscientemente y desde siempre al hombre que la sacrificara y lo encontró. Búsqueda inconsciente y ciega de una de las cosas que más teme una mujer: ser abandonada.

Paz Sánchez Calatayud